
Años de desinterés llevaron a no ocuparse en trazar un plan
de defensa que trascienda los gobierno para sostener y mejorar, el material de combate de las Fuerzas Armadas. En cuanto
a la defensa aérea, la desidia política, llevó a despreciar un plan de defensa
y una reconstrucción de la Fuerza Aérea y de la Aviación Naval. La precariedad
y la falta de poder aéreo queda, más que nunca, en evidencia ante
acontecimientos como una asunción presidencial o visitas de mandatarios
extranjeros para cuya ocasión es necesario tener el espacio aéreo protegido.



